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En base a

Teodardo Angeli, quien siempre ha mostrado gran interés y preocupación por el lenguaje, se refería hace poco, en la sección «Cartas en el asunto» de este diario, a la expresión «en base a...», que insistentemente hemos censurado, por ser un verdadero esperpento sintáctico. Él se basaba en un artículo periodístico de «El Globo», donde un distinguido escritor y docente venezolano, académico de la lengua y viejo amigo nuestro, empleaba dicha expresión. Y concluía Angeli manifestando una natural perplejidad ante la contradicción entre ese uso, y lo que muchas veces hemos sostenido en esta columna, acerca de la impropiedad de la malhadada expresión. Por otra parte, el coordinador de la sección, al titular la carta de Angeli, explícitamente nos solicitó una respuesta al respecto. De modo que, siendo tan propicia la oportunidad, una vez más nos referiremos al famoso «en base a...».

Esta errada construcción forma parte de una larga lista de impropiedades sintácticas, que son tales por el mal uso que se les da en ellas a las preposiciones, en particular la «a». En los muchos años que llevamos dedicados a la observación y estudio del lenguaje cotidiano en Venezuela, sobre todo el que se emplea en los medios de comunicación, hemos podido verificar que un alto porcentaje de los errores que en él se cometen provienen de un uso inadecuado de las preposiciones. Esto, tratándose de una partícula gramatical tan sencilla, cuyo uso a primera vista parece fácil y carente de complicaciones, quizás se deba a que en Castellano tenemos demasiadas de esas preposiciones, muchas de ellas, además, con numerosos usos y significados. Entre las construcciones indebidas por mal empleo de las preposiciones figuran, además de «en base a...», otras como «motivado a...», «en torno a...»,  «hasta tanto no...», «con motivo a...», y el superfamoso «de que...» cuando está mal empleado, pues se trata de una construcción que unas veces es propia, e incluso necesaria, y otras impropia e indebida.

Aprovechemos para señalar otra construcción de este tipo, «al interior de...», que hemos visto recientemente en textos de la fuente económica de este periódico: «...al interior del Fondo de Inversiones de Venezuela se evalúan tres posibles escenarios» (Economía; 23-4-94; p. 2). (En nuestra columna del 8/5/94 nos referimos al uso también indebido de la palabra «escenario» en esta misma información); «...las similitudes profesionales de ambos ministros permiten anticipar un coliderazgo al interior del Consejo de Ministros» (Ibidem. 29-5-94. p. 1). Si se observa bien se verá que esa construcción carece de sentido, y de hecho no es castellana. Lo que con ella quiere decirse es «en el interior de...», lo que sería aún más preciso si se dijese «en el seno de...». O todavía más sencillamente: «...en el Fondo de Inversiones...»; «...un coliderazgo en el Consejo de Ministros». Una recomendación que siempre hacemos a los jóvenes periodistas, o aspirantes a tales, es que procuren emplear siempre las frases y demás expresiones más sencillas, sin rebuscamientos ni complicaciones. Así se gana en elegancia, y al mismo tiempo se evitan muchos errores de este tipo.

En el caso de «en base a...», lo errado de su construcción salta a la vista cuando se compara con lo que con ello quiere decirse, lo cual puede hacerse de varias maneras propias y exactas: «con base en», «sobre la base de», «en la base de», «basado en», etc. Teodardo Angeli cita en su carta la frase a la que él se refiere: «...y en base a una metodología sui géneris...». Allí se ve claramente que lo lógico y sensato sería: 1) «...y con base en una metodología sui géneris...»;  2) «...y sobre la base de una metodología sui géneris...»; 3) «...y en la base de una metodología sui géneris...»; 4) «...y basados en una metodología sui géneris...». Al comparar la forma impropia con las otras cuatro, que sí están correctamente construidas, se ve claramente la ilogicidad e impropiedad de la primera, que sin duda alguna carece totalmente de sentido.

De una manera inexplicable, este «en base a...», cuya incorrección nos parece a simple vista muy notoria, se ha arraigado en tal medida, que ya es difícil, aunque no imposible, desterrarlo. Lo usan indistintamente periodistas; políticos; profesores, incluso de Castellano; profesionales de todas las disciplinas; amas de casa; hasta muy importantes y prestigiosos escritores y no pocos académicos, sin excluir los de la lengua, no sólo venezolanos, sino de todas partes del mundo hispanohablante.

Sin embargo, si por lo menos un grupo de periodistas y escritores se propusiesen desterrarlo, simplemente dejando de usarlo, y empleando en su lugar una forma propia, sin duda que lo lograrían. Últimamente hemos observado, en jóvenes reporteros de El Nacional y de otros diarios, una tendencia, incipiente pero alentadora, a usar las formas propias. Varias veces nos ha parecido justo reconocerlo expresamente en esta columna, mencionando a quienes lo han hecho, a diferencia de lo que hacemos cuando se trata de señalar errores. Salvo casos muy excepcionales, cuando comentamos errores no mencionamos nombres, pues nuestro propósito no es exponer a quienes incurren en tales fallas a la burla de los demás. Practicamos, en tal sentido, la a veces sabia norma de mostrar el pecado, pero sin mencionar al pecador.